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El Viaje

Hoy os traigo un texto escrito por Maria José Tirado, autora de "Entre Vampiros". Ella misma define así este texto: "Tengo un nuevo relato corto para tu genial blog, se llama el viaje, y es un Mordisco, así es como yo le llamo a los relatos paralelos que he creado de mi novela como regalo para los seguidores, son historias en sí pero protagonizadas por los personajes de mi novela".

Se titula "El Viaje" (Perdonad que no haya puesto ninguna foto, es que voy con el tiempo justo)

En algún lugar del Caribe los grillos entonaban su nocturno canto como jubilosa banda sonora de la noche cálida. Y la suave brisa del mar se colaba juguetona por la ventana, meciendo las cortinas de seda ámbar, impregnando el aire con su peculiar aroma a yodo, a sal, a espuma de olas.

En la habitación se instauraba mansamente la calma reposada que sigue a la descarga de la pasión, de los amantes que sin pudor se han entregado el uno al otro.

Un alto vampiro de piel cetrina abandonó el lecho de blancas sábanas, dejando a la joven de la que se había alimentado desnuda, con el corazón palpitando aún acelerado, sobre él. Su cuerpo era tremendamente fornido, poderoso, y su piel tostada resplandecía bajo la luz dorada de la estancia.

La muchacha de negros ojos envolvió sus voluptuosas curvas con la dócil sábana de algodón, adhiriéndola a su exuberante anatomía como una segunda piel, con cierto recato. Tomó el modesto uniforme de doncella del suelo dispuesta a cubrir su tibia desnudez. Y entonces le contempló de espaldas, cómo también él se vestía. Embelesada, extasiada con la sublime elegancia de sus movimientos.

El vampiro alcanzaba del aparador unos largos pantalones árabes de color blanco con los que tapaba el atlético cuerpo sobre el que un par de minutos antes había reposado ella.

- ¿Os marcháis por mucho tiempo, señor? – se atrevió a preguntar mientras abotonaba el largo traje negro y blanco, arrepintiéndose en el acto de su osadía. El no-muerto volteó su rostro, atravesándola con sus atractivos iris del color del ámbar líquido, sin una expresión valorable en el rostro. Y la joven mulata de sensuales labios carmesí temió que no le respondería. No tenía por qué hacerlo, ni siquiera tenía porqué mirarla dos veces siquiera. Él era un vampiro, un ser inmortal, poderoso y milenario. Y ella tan sólo una frágil humana cautivada por su belleza y majestuosidad. Una de tantas, una especial quizá, sonrió para sí.

- No lo sé – respondió finalmente con su profunda voz de ultratumba, haciendo sonreír el corazón de la muchacha. Él era distinto a cuantos vampiros había conocido en su corta vida. Shapur, el guerrero predilecto de su patrona, Aixa, la reina vampira de Centroamérica, no se parecía en absoluto al resto de no-muertos con los que había compartido lecho en el pasado. Ella había conocido a vampiros violentos, bruscos y egoístas, que finalmente se habían cansado de su compañía, rechazándola como a un zapato usado sin cumplir una sola de las promesas que le habían hecho. Pero Shapur era distinto, Shapur era atento, delicado y entregado mientras hacían el amor, y cuando la mordía cuidaba de no causarle dolor alguno. Desde el primer día en el que requirió su compañía la hizo sentir dichosa por ser de su agrado.

- Nos veremos a su vuelta, entonces, señor – dijo, mostrando una sonrisa inmaculada que llenó los mofletes de un cálido rubor, con el corazón acelerado ante la perspectiva de aquel nuevo encuentro.

Apresurada terminó de vestirse y atusó su oscuro cabello caracoleado antes de abandonar la habitación y la villa de su anfitrión. Dispuesta a tomar su cama para dormir un rato pues, llegada el alba, debería reiniciar sus labores como doncella en la basta propiedad de la reina Aixa.

Y se marchó, recorriendo el camino de vuelta a las dependencias del servicio. Sin saber, sin poder siquiera imaginar, que su relación con el milenario guerrero inmortal jamás volvería a ser la misma después de aquel enigmático viaje para el que había sido convocado.

Aquel viaje de secreto cometido, organizado con urgencia por parte de la regente vampira, que llevaría a una corte de sus lacayos más fieles allende el océano. Según había podido oír a los asistentes humanos del servicio personal de la reina, mientras recogía la casa aquella misma tarde.

Se persignó, pidiéndoles a todos sus santos criollos por el bienestar del guerrero. Porque aunque pudiese parecer estúpido hacerlo, pues bien sabía que era realmente difícil acabar con la larga existencia de los no-muertos, ella había presenciado con sus ojos negros el final de varios de ellos desde su llegada a la residencia real. De traidores que habían sido condenados por la propia Aixa a enfrentarse con el alba en la parte trasera del palacio, donde solía ejecutarlos para que sirviese como advertencia para el resto de sus súbditos. Aquella era la peor de las agonías posibles, arder hasta convertirse en polvo bajo los cálidos rayos solares.

Un escalofrío recorrió su espina dorsal sólo de pensarlo, haciéndola estremecer. Y, deteniéndose en mitad de los silenciosos jardines un instante, volvió a pedir por la suerte de Shapur a la virgencita de plata que llevaba colgando del cuello.


Si quieres conocer "Entre Vampiros" visita su blog: De cuando Caperucita se comió al Lobo.

Maharet y Mekare

Aquí os dejo la historia de estas dos hermanas, está copiado literalmente de la traducción de Wikipedia en inglés porque es el único sitio donde he encontrado un buen resumen.

(Perdonad si hay incoherencias en las frases, intentaré arreglarlo a lo largo del día, es que no se si podré estar más rato conectada)



Maharet y Mekare eran dos hermanas y brujas poderosas que viven en un hermoso valle, no lejos de Egipto, seis mil años atrás. Tenían el pelo rizado de color rojo y ojos verdes. Eran las brujas hereditarias que podían comunicarse con los espíritus. Esto atrajo la atención de Akasha , la joven reina de Kemet (ahora conocido como Egipto), quien les envió una invitación a visitarla cuando tenían dieciséis años de edad. Ellas se negaron, sintiendo que algo ominoso en la solicitud.

Siguiente solicitud de Akasha llegó en la forma de la violencia, cuando las gemelas estaban realizando ritos caníbales del funeral de su madre. La reina, que había hecho una política de acabar con el canibalismo ritual, envió soldados a su aldea, matando a todos a su paso y arrastrando las hermanas de distancia.

Cuando las gemelas llegaron a Kemet, que se miraban con temor y miedo por todos los que los vieron. Esta gente nunca había visto el pelo rojo, y las gemelas eran tabú en el país. Ellas contestaron con la verdad a todas las preguntas sobre los espíritus y los dioses que les formularon la Reina. Sin embargo, ya que sus respuestas no encajaba con las creencias de Akasha, que fueron etiquetadas como blasfemas y se metieron en la cárcel. A la mañana siguiente, la reina envió y formular las mismas preguntas a ellas. Mekare pidió a un espíritu travieso llamado Amel , en contra de los deseos de su hermana, para mostrar su poder. Esto aterrorizó a la reina y su esposo, el rey Enkil, y las gemelas fueron arrojados a la cárcel de nuevo por tres noches y días antes de recibir su castigo.

Su castigo fue ser violada por el mayordomo del rey, Khayman , delante de toda la corte. Khayman no era uno a aceptar la violencia y el odio para hacer la tarea, pero sin embargo tuvo que obedecer las órdenes de sus soberanos. Las hermanas se les permitió regresar a casa después de la violación.

Después de un tiempo difícil, Maharet y Mekare finalmente regresó a su tierra natal, y allí dio a luz una niña Maharet, Miriam, de la violación de Khayman. Las hermanas pusieron sus ensayos a sus espaldas, y se estableció en la reconstrucción de su vida en el valle. Pero su paz fue destruida un año más tarde, cuando llegó Khayman con un ejército. Él los llevó de vuelta a Kemet, y en el viaje no les dijo lo que había sucedido desde su partida.

El espíritu de Amel, furioso por la humillación de las gemelas, se había vuelto loco. Él molestado el día rey y la reina y de la noche, lanzando y golpeando las cosas, de conducir el par loco. También se ha atormentando a Khayman por su participación en la violación, que rasga su casa aparte y desenterrar el cuerpo de su padre de su tumba. Los nobles estaban descontentos con sus monarcas para poner este problema en ellos, y había conspirado para matarlo. Los nobles habían seguido a la pareja real a la casa de Khayman, donde estuvieran pidiendo con el espíritu que dejarlos ir, y los atacaron. Pero de alguna manera Akasha y Enkil había sobrevivido, y todos los nobles habían sido asesinados. Desde entonces, el rey y la reina sólo se había visto en la noche, y no salir de su palacio. La gente estaba desapareciendo, y Khayman Estaba resuelto a llevar a las gemelas de nuevo en la esperanza de que podría poner fin a todos estos problemas.

Al llegar a Kemet, las gemelas aprenden lo que ha sucedido. Amel había desarrollado un gusto por la sangre, y uno de sus favoritos tormentos fue pinchar la gente y que sangren. Akasha y Enkil había sido apuñalado, y tal y como se desangraba hasta la muerte, el espíritu de Amel se podía ver en forma de gotas de sangre. El espíritu se vio a bucear en el cuerpo de Akasha, y ella se regenera de alguna manera en una nueva forma. Akasha caía sobre Enkil, el drenaje de la sangre lo que quedaba, y luego darle de comer a su cuenta. Ellos fueron los primeros bebedores de sangre.

Akasha y Enkil había convocado a las gemelas en la esperanza de que las brujas podían aclarar en el formulario que se habían llevado, y cómo se podrían satisfacer su sed infinita de sangre. Las gemelas eran de poca ayuda, sin embargo, y fueron arrojados a la cárcel para ser condenado a muerte, la noche siguiente, pero no antes de que la lengua de Mekare y los ojos de Maharet fueron cortadas.

Tres horas antes del amanecer, Khayman vino a ellos en la desesperación. Había sido traicionado por su rey y la reina, que se había vuelto contra él y lo convirtió en uno de ellos para probar sus nuevas habilidades. Hizo Mekare en un bebedor de sangre, ya su vez ella hizo Maharet en uno solo. Se escapó de la prisión e hicieron más sangre a los bebedores a su paso, con la esperanza de crear un ejército para derrotar al malvado rey y la reina. Estos después se conoció como la Primera Generación.

Varias semanas más tarde, fueron capturados en Saqqara. Las gemelas fueron puestos en ataúdes de piedra, y la deriva en el océano, Mekare hacia el oeste, Maharet hacia el este. Maharet desembarcó en la costa sur de África , y vagó durante los próximos seis milenios, siguiendo la línea de sangre de su hija Miriam y la búsqueda de Mekare. No se sabe a ciencia cierta qué fue de Mekare, pero las imágenes se han encontrado miles de años más tarde en América del Sur de una mujer de pelo rojo. Similar había sido encontrado en África. Maharet y otros sospechaban que Mekare había ido salvaje y pasó todo ese tiempo en la selva, evitando la civilización.

Khayman ido a través de Europa , la pérdida de su memoria cada pocos siglos. No vio a las gemelas otra vez hasta que la reina de los condenados , cuando Akasha los reúne en California. Allí derrotó a los vampiros Akasha. Mekare consumido el corazón y el cerebro de Akasha, en sustitución de ella como la nueva reina de los condenados.

Nota: Maharet y Mekare son dos personajes de Anne Rice (The Vampire Chronicles)

Blue Eyes

Hace tiempo que tengo en el correo este relato, no he podido subirlo antes, espero que María José, la chica que me lo mandó, me perdone por haber tardado tanto. Es un poquito largo para publicarlo de una sola vez, pero a la vez es corto para publicarlo en dos veces... así que os lo dejo entero.

Su autora se llama María José, podéis encontrarla en este blog: De cuando Caperucita se comió al Lobo.

El título es Blue Eyes.


Aquella estaba resultando una noche tediosamente larga, pensaba apoyado sobre la balaustrada de piedra, contemplando las calmosas aguas del Sena, sin perder de vista el horizonte, del que surgiría el astro solar, aquel que me obligaría a regresar a mi resguardo diurno, una noche más.

Acababa de alimentarme, de un par de insulsas prostitutas en el sudeste de la ciudad, apenas se resistieron, a penas forcejearon, se rindieron ante la irremediable muerte, lo cual resultaba tan aburrido... ¿qué había sido de la caza? De la auténtica caza.

Regresaron a mi memoria multitud de recuerdos, de cuando en compañía de mi creadora había arrasado pequeñas villas, por completo, en una sola noche. Medio centenar de insípidos pueblerinos reducidos a huesos y pellejo, a humo, a fuego, sólo por diversión. Cómo corrían los condenados, cómo luchaban, cómo se resistían, había honor en aquel combate a muerte, aunque el resultado siempre fuese el mismo, su burbujeante sangre recorriendo veloz mi garganta, templándola, devolviéndola a la vida bajo los vivaces latidos de los corazones desbocados resistiéndose hasta el final.

Ella era así, Marie, mi creadora, una bellísima bestia desbocada siempre ansiosa de más y más sangre, y así me había enseñado que debía ser. Fui su pupilo, su amante, su protegido, durante demasiado tiempo. Pero después de trescientos años junto a la pequeña depredadora me di cuenta de que en realidad estaba vertiendo en ellos, en aquellos cadáveres sin nombre, sin rostro, el rencor que sentía hacia la propia Marie, por haberme convertido en lo que ahora era, contra mi voluntad, una aciaga noche, quinientos siglos atrás.

Por un instante dudé si dirigirme al pequeño boulevard Chanson de Minuit, a la espalda de Montmatre, dispuesto a jugarme varios francos a las cartas, un placer que aún conservaba de mi vida humana. Aunque entonces las satisfacciones eran bien distintas, ahora me deleitaba con las frágiles y volubles emociones humanas, el ansia, la avaricia y el egoísmo que les llevaba a ofrecerme incluso a sus esposas por continuar la partida. Pero yo prefería devorarlos a ellos, eliminando así una parte de la escoria de la ciudad, realizando quizá un particular bien social, y también porque un día también yo tuve una mujer, de la que nada ni nadie me habría separado, jamás.

Envuelto en semejantes cavilaciones me hallaba, dispuesto a abandonar el mirador, cuando distinguí en la distancia a una muchacha que caminaba hacia el río. Completamente sola, era una joven de no más de veinte años, con el cabello del color de las avellanas maduras, gracias a mi privilegiada visión podía divisarla con total claridad. En sus mejillas brillaba el rubor de la candidez, y aunque sus ropas eran humildes no desmerecían su impresionante belleza en absoluto.

Notre Dame hacía rato que había anunciado que pasaban las cuatro de la mañana y sin duda no se trataba de una de las muchas meretrices que recorrían la ciudad a tales horas, ¿Entonces? ¿Quién era aquella joven que se dirigía directa al río? La observé, la muchacha se detuvo en escollera, en el muro a la orilla del río, miró a ambos lados, y decidida saltó a las frías aguas del Sena.

Una suicida, acababa de contemplar cómo una joven suicida se lanzaba al río.
Sentí algo dentro, en mi interior, como si mis entrañas se rasgasen cual ajada tela, por la mitad, violentamente, como si... como si aún estuviese vivo, como si el hecho de que aquella joven desconocida tratase de quitarse la vida debiese importarme lo más mínimo.
Me convencí de que era la pérdida de una sangre tan deliciosa como debía ser la de aquella muchacha la que me había provocado semejante sensación. Entonces la oí chapotear, en el agua, levemente, realmente estaba decidida a morir. Y nadie, absolutamente nadie mas que yo la había visto arrojarse a las aguas.
Un impulso irrefrenable me obligó a saltar desde el puente, a nadar hasta ella y rescatarla cuando apenas un último aliento de vida escapaba de sus labios, inconsciente. La tomé en brazos y de un grácil salto abandonamos el agua.

Cuando abrió los ojos, unos inmensos ojos azules, sentí como si sus pupilas me atravesasen por completo, de lado a lado, tomando entonces conciencia de lo que había hecho. Mis ropas estaban mojadas, como lo estaban las de ella, completamente adheridas a su pálida piel. Ella que me observaba sorprendida entre angustiada y sorprendida, por mi actitud, por mi rapidez, por cómo la había sacado del agua, temblando como un pajarillo asustado en la orilla. La dejé en el suelo, dispuesto a marcharme, a alejarme de ella y las extrañas sensaciones que había despertado en mi. Pero la joven me agarró la mano, con energía.

- ¿Quién eres? – preguntó con la voz ahogada.
- Adam, me llamo Adam Benoit – respondí, ciertamente desconcertado de porqué lo hacía, porque no desaparecía, sin más.
- Yo me llamo Béatrice, Béatrice Renoir. Gracias, Adam Benoit, por salvarme – dijo, sin soltar mi mano, asiéndola con energía.
- Ninguna mujer joven debería suicidarse, es un desperdicio – respondí, recapacitando después sobre lo poco común de mis palabras, no estaba acostumbrado a conversar con humanos, usualmente digería su fluido vital antes de que abriesen la boca para gritar, siquiera.
- Ahora que he visto a la muerte, sé que no quiero morir – confesó-. Gracias de nuevo –dijo llevando mi mano hasta sus labios que lentamente recuperaban su habitual cálida temperatura y la besó.

Entonces me marché corriendo, dejándola allí, en el suelo, a orillas del Sena, alejándome de su extraña influencia, de su cálida voz, de aquel beso ardiente que me abrasaba la mano. De un salto subí al tejado más próximo, espiándola desde las alturas, cómo lentamente se incorporaba, cómo parecía buscarme un instante, para retomar el camino a casa después. Comprobando que no volvía a repetir su tentativa suicida, aliviado. ¿Aliviado? ¿Aliviado porqué Adam? me pregunté. Deberías haberla mordido, haber bebido de su sangre, ¿acaso no pretendía ella acabar con su vida? Hubieses cumplido su voluntad al fin y al cabo.

¿Y por qué me quemaba en la mano su beso, como me quemaban en las pupilas sus inmensos ojos azules? ¿Por qué? La respuesta llegó hasta mí como una daga envenenada, abriendo mis entrañas por la mitad.

Ya sabía por qué, Béatrice, había dicho que se llamaba la muchacha, su rostro redondeado, su cabello caracoleado, sus labios finos y delineados, sus hermosas facciones la hacían asemejarse demasiado a Susanne, mi esposa.

Sepulcro diurno

J.D me ha mandado este microrelato en pdf, entiendo que es difícil de leer en este formato (la letra no se ve), por ello lo he copiado y al final del todo podréis leer su historia.

Gracias por dedicarme tu relato.


Hay quien dice que los vampiros duermen durante el día, ja ja ja ja ja ja ja, pobre idiota, qué necesidad tiene de dormir alguien que está muerto, cuyo corazón sólo late en el éxtasis de placer al saborear la sangre y cuya mente sólo piensa en ese dulce y rojizo elixir; mas yo, encerrado en esta cripta me cuesta escribir estas líneas, es tan colosal el deseo y la necesidad de volverla a probar que ni el sueño me puede apagar.

Sepultado y custodiado en este inmundo sepulcro por el enemigo al que más terror siento, escondido acobardado me deleito con mis mejores pensamientos para olvidarlo, aunque en vano, pues a él no puedo parar de odiarlo, solamente él puede acabar con mi eterna existencia, provocando un dolor mayor que el furioso fuego del infierno el cual todo destruye, llamas que en una ocasión descompusieron mi alma y me liberaron de todo sentimiento afable. A mi amo doy gracias por librarme de tal molesta carga y por concederme una nueva vida mejor que la de los patéticos y desgraciados mortales.

Aunque mi rival me vigila en la distancia más lejana no puedo salir a calmar mi sed, ni tan solo asomarme por el diminuto cuadrado que forma un ventanuco, su celestial y divino poder me hará desaparecer de la manera más cruel; mientras tanto, ansioso estoy en el rincón más oscuro, esperando sentado a que la esposa de mi señor cubra su esplendor y me dé la liberación; condenado estoy a sufrir este insoportable cautiverio por siempre, pero no me importa… mientras haya maldad habrá siempre oscuridad.

Las ratas, los restos mortales y algunos cadáveres son mi único acompañamiento, escribir mis recuerdos en este cuaderno mi único entretenimiento, la coagulada y putrefacta sangre de los muertos mi único sustento, del cual reniego. Sólo dos horas más debo esperar, con paciencia intentaré aguardar mi libertar.

A pesar del dolor que sufren mis ojos por la ceguera, no puedo evitar el constante mirar del fino haz de luz que se cuela por el ventanuco; la hora se acerca, la excitación desborda mi mente y se expande por todo mi cuerpo, bañado por un inmenso calor que fluye por mis venas; casi puedo percibir ese instante en el que el tacto de mis manos acaricia el sutil cuello de una doncella, el momento en que nervioso me acerco a dar el tan deseado mordisco, saciar de sangre la sed que me mata por dentro y dejar tras de sí tan solo un cuerpo en agonía marcado con una gran dentellada.

Que satisfacción el tan solo pensar, placer que se agota; la angustia brota, me devora, la desesperación me posee, tengo sed, necesito beber; el calor de mis venas hace que arda mi sangre; la luz comienza a ser tenue, la reconquista del cielo por la Dama de los Vampiros es inminente, con ella llega mi resurgir; una noche más se abre la veda; el crepúsculo se postra ante la intimidante Dama.

¡¡¡Vuelvo a vivir!!!

Autor: J.D.

Solo sangre

Antes de nada, quiero dar las gracias a todos los que me habéis mandado textos, vídeos... me da mucha pena no poder publicar algunos de ellos, pero la norma principal del blog, es que el tema central sean vampiros. No puedo hacer excepciones, espero que me entendáis.

Hoy os traigo un pequeño relato escrito por Mylilith, autora del blog La gruta escondida. Se titula: Solo sangre.



Es sólo sangre, es sólo sangre, se decía limpiándose los labios. Es sólo sangre humana, sangre del ganado, se repetía. En sus más de trescientos años como vampiro se había deleitado con varios miles de mortales distintos, el fluido vital de aquellos humanos, sin nombre, sin apenas rostro en su memoria, había recorrido su garganta, templándola, palpitando en sus entrañas, haciendo resurgir la vida en su interior, una quimera que con suerte duraba por toda la noche. Y Lawrence lo sabía, como sabía, que nunca antes, había probado una sangre como aquella. Tenía una fluidez exquisita, únicamente posible en los jóvenes, con un matiz ligeramente dulce además del habitual salado, a su vez. Además estaba el calor, un calor asfixiante que había recorrido su cuerpo nada más probarla, tanto fue así que debió posar el cuerpo de la muchacha en el suelo, inconsciente. Pues sentía que su piel quemaba, como lo hacía su boca, su garganta, sus tripas, regadas con la sangre de la joven pelirroja. La miró, en el suelo, limpió sus labios, tiñendo sus manos de un brillante carmesí. Era tan hermosa… Ni siquiera reparó en ello cuando la vio descender la calle bajo la tintineante luz anaranjada de las farolas, era una noche oscura y los habitantes de la ciudad se preparaban para ir a dormir. Ella caminaba a solas, cargada con un gran barreño repleto de ropas, sería lavandera, pensaba ahora, observando sus humildes atuendos y la ropa tendida por el suelo, junto a su cuerpo exánime. Su tez era tan pálida que pareciese fabricada en la porcelana más sublime sobre la que contrastaban sus cabellos rojos, como el mismo fuego. Y sus labios eran voluptuosos, rosados aún desnudos, carentes de todo carmín. De modo inesperado la joven arrugó el entrecejo, en un gesto inequívoco de que comenzaba a recuperar la conciencia, y Lawrence se descubrió a si mismo contemplándola, deleitándose con su excepcional belleza… para tratarse de una humana. Y sintió pudor, a la vez que una profunda desazón.

Oía ruido, alguien se acercaba, alguien que pronto daría la voz de alarma… Se apartó. De un salto alcanzó el tejado de la vivienda más próxima y, desde su atalaya, contempló cómo otra mujer acudía a socorrerla, alarmada ante la imagen de aquella muchacha tirada en el suelo completamente empapada de sangre.

Se alejó, saltando por los tejados cual felino, con sed, una sed aún mayor que antes de morder a la pelirroja, una sed que corroía sus entrañas como no había experimentado nunca antes, ni siquiera como neófito, tras saborear aquel extraño elixir del cuerpo de la joven, y una profunda presión en mitad el pecho que no alcanzaba, ni estaba dispuesto a detenerse a calificar, pero que estaba seguro que no sería fácil de dejar atrás.

Autora:Mylilith 

Sólo pienso en alimentarme

La mayoría que conoce este blog desde hace tiempo, sabe que estoy a favor de los nuevos talentos, tanto en escritura como en ilustraciones. Por eso, tengo mi pequeño rincón de Colaboradores por correo. Sólo pido un par de cosas, lo que me mandéis, tiene que estar relacionado con vampiros. Y, además, intentad que sea lo más coherente posible, tanto en la redacción como en las faltas de ortografía. Todos tenemos fallos, pero debemos intentar solucionarlos. Yo lo repaso antes de publicarlo, pero se me puede "escapar" alguna palabra.

Hoy os traigo un texto escrito por Itami Thorn, titulado “Sólo pienso en alimentarme


Estaba sentado en la cima de un edificio en una zona abandonada. Siempre estoy aquí cuando el sol matiza, ese extraño color de
l sol matizando hace que me dé… sed; por eso los mortales que habitaban en esta zona ya no están, porque yo tomé sus patéticas, miserables y deliciosas… vidas; no dejé que ninguno se convirtiera en inmortal, porque no tenían la fuerza que se necesita para convertirse en un ser inmortal, en un vampiro, sería una pérdida de tiempo si dejaba que se transformaran, solo morirían en el intento.

Un sonido me sacó de mis recuerdos, era mi celular, tenía un mensaje
de Rachel, esa mortal estúpida y frágil, piensa que yo la amo, solamente porque me he acostado con ella un par de veces, que equivocada está. Quería que fuera al lugar donde nos conocimos, una zona donde se observa la ciudad.
Llegué a ese lugar, ahí estaba Rachel, ella sabe que soy un vampiro. Sé que hoy me va a pedir que la convierta en uno; porque es eso lo que los humanos quieren, la inmortalidad, la belleza eterna, el secreto de la humanidad.
La luna estaba llena, tenía un resplandor sangriento.

-Ryan, necesito hablar contigo -dijo ella mientras me daba un beso.

-¿Qué quieres? -pregunté y la aparte de mí.

-Quiero estar contigo, quiero ser inmortal -sabía que me lo iba a pedir.

-¿Qué te hace pensar que te convertiría en un vampiro?

-Porque tú me amas y yo te amo, quiero estar contigo por el resto de la eternidad.

-¿Yo te amo? No sabía que te amase -dije con sarcasmo.

-Sí, tú me amas.


-No seas estúpida Rachel, soy un vampiro no tengo amor.

-Pero yo quiero estar contigo.

-Eres muy frágil, tu cuerpo no soportaría la transformación.


-Pero yo te amo


-No seas ilusa, solo te tengo por placer.

-Por favor Ryan transfórmame para estar contigo -empezó a llorar, que patética.


-¿Realmente quieres que te transforme?


- … -ella asintió.

Me acerqué a ella - Recuerda que sólo soy un vampiro que piensa… - le susurré al oído, mientras quitaba el cabello que cubría su fino cuello- en alimentarse –clavé mis colmillos sin piedad en su cuello, sólo se escuchó, a la luz sangrienta de la luna, su muerte. Bebí toda su sangre, la solté y cayó al duro suelo su cuerpo muerto.

Contemplé su cuerpo sin vida, que patética era, pensar que yo la amaba, que ilusa.

Miré la luna y después vi la ciudad, tan brillante, con tantos humanos llenos de sangre, tendré que buscar a otro humano para tratar de saciar mi sed. La sed de un vampiro no se puede saciar por completo, ni bebiendo la sangre de todos los humanos acabaría la sed de un Vampiro.


Miré por última vez el cuerpo frío, sin vida, de Rachel y seguí con mi camino a la ciudad.


Después de todo, sólo soy un vampiro, un ser monstruoso, un ser de tinieblas que sólo piensa en alimentarse.

Escrito por: Itami Thorn

La eterna vampira que me engañó

Ya sabéis que me gusta publicar de todo un poco, a veces me gusta a mí pero no a vosotros, otras veces, ocurre lo contrario… hoy os traigo un poema escrito por Raphael Cañas. Me mandó este poema hace tiempo, pero como sabéis, he estado muy liada y no he podido subirlo antes. Ahora que he recuperado mi tiempo libre, podré actualizar el blog más a menudo y estar más en contacto con vosotros.

El texto se llama “La eterna vampira que me engañó

¡Mírame vampira, mírame!
Ve lo que has hecho, me engañaste, me sedujiste, me alborotaste, y así me dejaste.
Fuiste una bendición, que se volvió corona de espinas para mi mallugado corazón.

Yo, un mortal, que esperaba encontrarse con la bella vida mortuoria.
Y tú, la vampira que prometió amor, felicidad y que jamás sufriría de soledad.

Pero me tiraste en medio del camino, y solo quedo una efigie de nuestro amor condicionado.

Fría y seca dejaste mi alma por este incontable dolor, que enfrenté cuando me dejaste.

¡Oh dulce muerte, llévate todo este maldito horror!

Te llevaste mi talento y sueños, y me forjaste una vida de tormentos eternos.
Conociendo así, soledad, frio, sed y miedo al sol, cuyas heridas son las que dejo tu amor.
Con lagrimas carmín saliendo de mi razón, le rogué a los demonios que me quitaran tus uñas de mi espinado corazón.

Alzo una oración en pies de la tumba que es mi prisión, rogando a la muerte que un día venga y me lleve, para acabar con todo este dolor.

Estoy lleno de odio, con el alma partida y sintiendo un regusto de muerte en la boca, deseoso de encontrar una muerte piadosa, pero temeroso de arrojarme al astro diurno, pues no quiero sufrir y ser cenizas.

Eternidad mal intencionada, porque me engañaste, eras la niña de mi alma, la promesa de mi vida, pero te convertiste en una dolorosa monotonía.

Cegado por tus encantos, ignoré a ese inestable demonio, y te dejé morder mi cuello con esos rojos labios, sentí el rosar de esa fría piel, tan blanca como la nieve de ayer.

Bella mujer blanca, eternidad te hiciste llamar, me prometiste amor y solo obtuve soledad.

Besé tus labios, abrasé tu cuerpo, y sentí el calor de tu seno desnudo. Pero eso fue cuando lo hacíamos en los días dorados de ayer, cuando el sol rosaba mi rostro y sentía gozo al estar a tu lado.

Éramos amantes, una mezcla perfecta de amor y pasión.

¡Oh vida mía!, me pediste ser perfecto, y por eso permití que enterraras esos colmillos, aunque convertido a ti yo terminé.

Pálido marfil, y fieros ojos de réptil, eso fue en lo que me convertí.

Sediento de vida carmín, peleado con el sol y guarecido por la luna de papel.

¡Perfecto para ti!... pero aun así, no te vasto.

Me dejaste al final y la soledad me consumió.

Horas, días, años, todos perecieron, pero yo sigo esperando sumido en tormentoso horror, a que una muerte piadosa termine con mi amargo dolor.

Autor: Raphael Cañas

Primer Fragmento Capítulo II del "Testamento de Drácula"

II

Venerada Viuda


Suite Imperial
del Hotel "Kleopatra",
El Cairo (Egipto),
sobre la una de la madrugada.



La Venerada Viuda de Vlad "Tepes" Draculea se estiró sobre la inmensa otomana estilo Neo-Imperio, tapizada de multicolores cojines de seda persa.

Su magnífico cuerpo, blanco, luminoso, voluptuoso, de marcadas curvas suculentas y exuberantes pechos, se exhibía apenas cubierto por un dos piezas de satinado carmesí, recamado de perlas y una ligera bata trasparente de seda negra. Recostada a la romana sobre las mullidas superficies, extendida a lo largo una preciosa pierna y alzada la otra, doblada por la rodilla con sensual indolencia, sus delicados muslos níveos y suaves brillaban a la luz entre cárdena y ambarina que derramaba la enorme lámpara de estilo otomano, cuyos repujados bronces candeleaban, hechiceros, bajo el fulgor oscilante de sus potentes bombillas en formas de lágrimas a imitación de velas.

Afuera, en el prolongado y ancho pasillo del Ala Oeste de la tercera planta del lujosísimo Hotel, reservada en exclusiva para el uso y disfrute de la Presidenta Mundial, sus invitados y el personal más afecto a su servicio, dos robustas Amazonas neonatas de la Guardia Privada de la Primera Ministra se cuadraron ante las dos parejas de macizos Pretorianos que custodiaban la amplia puerta de la Suite Imperial, sobre la que alguien había colocado un escudo con el emblema de la Confederación y el blasón de la Orden del Dragón, cuyos perfiles destellaban reflejando la luz de los pesados faroles forjados al estilo alejandrino que pendían del techo artesonado en maderas nobles de perfumado cedro y recubiertos, al igual que los muros hasta media altura, por bellísimos azulejos exquisitamente atauricados al modo árabe.

La condesa y el profesor permanecieron en pie ante la gran puerta de ébano lisa y negra, cuyo número, el 616, trazado justo por encima de las enseñas de las Confederación mediante elegantes trazos dorados, hacía juego con el macizo picaporte de oro puro. Casi un minuto más tarde, los pesados batientes se abrieron con un crujido corto y seco, desplazándose hacia adelante con majestuosa lentitud. Ambos entraron, la poderosa Antigua abriendo el camino. Dos hermosísimos jovencitos, casi adolescentes, uno de ellos mulato y el otro árabe, ambos poco menos que desnudos, les flanquearon en el acto, inclinándose con profundas reverencias y despojándoles del amplio chaquetón de cuero a ella y del abrigo a él con gentil y graciosa presteza.

Agradecieron el gesto. Allí dentro hacía calor: La calefacción estaba puesta al máximo, contrarrestando con creces el moderado pero húmedo y traicionero frío del invierno egipcio. Un derroche increíble, obsceno, para un mundo regulado por severas Leyes de Restricción Ecológica tras la gran Crisis Climática que lo azotó, diezmando su población a la vez que las Guerras de Sangre, en los espantosos y ya por ventura lejanos Decenios Tenebrosos... Un derroche obsceno, sí.., casi ofensivo, además, en un país libremente asociado a la Confederación en calidad de Aliado Externo, pero todavía lejos de compartir con ella sus estándares de riqueza, desarrollo y bienestar, si bien lo suficientemente potente y occidentalizado para constituír, junto a Libia, Marruecos, Argelia y, sobre todo, Turquía, el llamado "Pentágono Islámico Moderado", alineado con el colosal Imperio Norhemisférico y sus vampíricas Matriarcas pese a la feroz oposición o al menos distante beligerancia del resto del universo musulmán, postura que, si bien atizaba la disidencia interna de los grupos fundamentalistas y les colocaba en el punto de mira favorito de los atentados terroristas de la "Neoyihád Global contra los Demonios de la Sangre y sus aliados infieles y apóstatas degenerados vendidos al Mal", les situaba, en cambio, en una posición ideal como socios comerciales privilegiados, receptores de multimillonarias inversiones, subvenciones y ventas a saldo de sofisticada tecnología civil y militar, asegurando para siglos su predominio absoluto en todo el área del Norte de África y Oriente Próximo, tan sólo amenazados por el Gran Enemigo chiíta iraní.

Sin embargo, ese derroche constituía la medida exacta de la tremenda influencia de la mujer allí alojada y, de hecho, resultaba irrisorio comparado con el demencial despliegue de extravagantes gastos que el neo-califa de El Cairo hubiera derramado a los bonitos pies de su ilustrísima huésped, de haber ella aceptado su repetida invitación a ocupar una de las fastuosas alas de su Palacio Real, cuyas cúpulas dignas de un cuento de las Mil y Una Noches se alzaban, al Sur, a las afueras de la capital, con excelentes vistas de las Pirámides.

Pero aquella era una estancia privada, no oficial, y si la Reverenda Viuda de Drácula aceptaba la generosísima hospitalidad de su peculiar y estrambótico aunque leal aliado, era inevitable que se produjeran celos por parte de otros dirigentes similares y filtraciones todavía más completas e inconvenientes a las que ya de por sí provocaría su permanencia en los algo menos lujosos pero igualmente opulentos aposentos del más flamante y exclusivo Hotel de la fascinante y abigarrada capital egipcia, aunque fuese a costa de desalojar a gran parte de sus riquísimos clientes y blindar, de hecho tomar militar y policialmente sus dependencias para garantizar al 100% la inexpugnable seguridad personal de la más poderosa inquilina de su breve pero brillante y glamurosa historia...

Los dos efebos, cuyos esbeltos y a la vez musculosos cuerpos iban cubiertos tan sólo por diminutos tanguitas dorados cuyas tiras posteriores se hundían profundamente entre sus nalgas, ciñéndose por delante de modo tan estrecho y sucinto a lo que simulaban cubrir que aun lo resaltaban más, les indicaron con las palmas abiertas que les siguieran y, en tono bajo y respetuoso, susurraron los dos a la vez:

- Ilustrísima Dama, distinguido caballero..., les ruego nos acompañen. Nuestra Señora os aguarda...

El recibidor, atestado de bustos y estatuas de famosos faraones y vetustos y oscuros muebles de trazas neovictorianas, se estrechó en un pequeño pasillo y, luego, éste se abrió a un inmenso y espectacular salón lleno de fulgores y reflejos, digno en verdad de la cámara de la Gran Reina, última soberana del Egipto Antiguo, quien daba su nombre al establecimiento. El suelo estaba en gran parte cubierto de costosísimas alfombras de manufactura local, persa, turca y mesopotámica y, donde se mostraba al descubierto, un pulido mármol rojo veteado de negro relumbraba con ostentosa furia. Grandes espejos con marcos de oro, bronce e incrustados de pedrería, herían las pupilas en una orgía de fulgores. Un gigantesco holovisor del tamaño de una pared presidía el fondo derecho de aquella auténtica explosión de lujosas mesas acristaladas, divanes, butacones, aparadores, muebles-bar, mesitas repletas de servicios refinados y sofás-cama, todos ellos revestidos de cojines, sedas, plumas, rasos y terciopelos... Frente a él, una mesita baja de madera de cedro importada desde el Líbano, de estilo faraónico, sustentaba el mando a distancia negro y un multiconector portátil estereoscópico - " Multi-Con", en términos populares para los ciudadanos de la Nueva Era - capaz de de conectar a su propietaria con cualquier sección de la Hiper-Red Interplanetaria Ciberespacial o a cada uno de los incontables canales clásicos o interactivos de Holovisión Universal - . Montones de discos de tele-revistas, electrolibros y similar número de holo-discos compactos multimedia se desparramaban por los sillones, cojines, mesitas y alfombras, en un desaliñado desorden característico de la actual ocupante de la Suite. Ella ocupaba el centro de todo aquel Caos Sublime, encantador a su modo, rodeada por su suntuosa indolencia, maravillosa belleza y relajada postura, repantingada como una patricia de Roma mientras dos guapísimos muchachitos casi desnudos, ataviados de similar modo a sus compañeros del recibidor, pero en esta ocasión mediante minúsculos taparrabos imitando laureles dorados, se acomodaban a los pies de la amplísima otomana. Ambos eran egipcios y, como era de esperar, estaban macizorros. Sentados sobre sus propias piernas, permanecían expectantes ante cualquier mínimo capricho o deseo de la Diosa Rubia...

El adorable rostro a la vez lindo, sensual y aniñado que les observó con un exquisito gesto de despiste miope ya tan sólo fruto de la inercia de sus hábitos cálidos, se iluminó con una abierta y embriagadora sonrisa, tan pícara como concupiscente, ingénua y palpitante de maliciosa seducción en irresoluble y alquímica mixtura... Los soñolientos párpados se abrieron un poco, y sus pupilas de zafiro enmarcadas de rojo vampírico se dilataron como frutos maduros. Era el rostro de una magnífica y potente Dama Oscura, Esposa Predilecta y Primera Discípula de Sangre del más poderoso No-Muerto de los últimos diez Siglos..., el rostro de la Sacra Viuda Venerada de Vlad "Tepes" de Valaquia, pero también el de la frágil pero tenaz chica ambiciosa, exuberante, herida e insegura que logró conquistar la fama y la gloria del estrellato, en Hollywood, antes de que la cruel mascarada de su falso suicidio fuese aprovechada por el gran Príncipe de las Sombras para convertirla en su nueva y fulgurante Reina Neonata...

El rostro, en suma, de Marilyn Draculea, pero también el de Marilyn Monroe, quien había sido Diosa entre los cálidos antes que para los miembros de su nueva especie...

Y, en el fondo de aquellos ojos extraños, embrujadores, a la par tiernos y exigentes, inocentes y llenos de Poder Oscuro, todavía latía en un pálpito apenas perceptible la primera alma, la original, la escondida, casi intangible, ahogada y sofocada bajo los densos estratos de su personalidad adulta como gran Diva y Sex-Symbol terrenal y por las todavía más espesas capas de fuerza, dominio, potencia y sabiduría secreta depositadas por la sangre y la pasión de su último Esposo no enteramente humano...

Un pálpito casi inexistente, sí..., pero irreductible, pues las emociones y traumas de la infancia jamás se disipan del todo..., pese a la superficial hechicería sintética de la fama y el celuloide y la muchísimo más intensa y profunda Magia Póstuma y Tenebrosa de la Conversión...; El pálpito apenas superviviente de Norma Jean, la niña huérfana, perdida, vejada y maltratada que subsistió, vivió, respiró y se lamió en lamentable abandono las lacerantes heridas de su cuerpo y de su mente, deambulando desde su humilde y desastroso hogar, pronto naufragado del todo por la locura de su madre, hasta un hogar de acogida, después a un orfanato, luego a otra falsa familia postiza de alquiler..., y así, sin parar, hasta el final, dejándose en el proceso jirones vivos de sus entrañas y sentimientos más hondos, violadas brutalmente las primeras, pisoteados sin piedad los segundos...

Y lo hizo en la ciudad donde nació, en Los Ángeles, a los pies de la Meca del Cine, donde su único consuelo era asomarse a los cambiantes ventanucos de su infortunio y contemplar aquel Gran Cartel, soñando con transformarse de Cenicienta en Princesa por todos adorada...

Pero, al final, lo había conseguido... y a un nivel que jamás pudo tan siquiera imaginar...

Después de todo, tras una interminable lista de tremendos y dolorosos fracasos, había tenido suerte con su último Hombre...

Una suerte excepcional. Y sin esfuerzo, pues le había enamorado a distancia...

Él, a quien los monstruos de sangre caliente que la habían violado, seducido, explotado, manipulado, utilizado y luego desechado como ropa vieja usada hubieran entonces llamado "monstruo", fue, sin duda, el Gran Acierto final que compensó de golpe tantos fracasos anteriores: Él, el Príncipe Oscuro, Señor de los Nosferatus..., el estremecedor y siniestro Amo de la Sangre y la Magia Negra...y, sin embargo, el único hombre que había sabido amarla, respetarla y curar sus profundas heridas con una exquisita mezcla de firmeza y tierna comprensión inagotable... Él, su Padre, pero también su Gran Amante y Maestro Oscuro, protector y Pigmalión remodelador, quien la había enseñado a superar sus complejos y traumas, mostrándole el laborioso camino interior capaz de dominar sus antiguos y nuevos Dones para transmutarse en una nueva Mujer mucho más fuerte, libre, poderosa y dominante... Él, Vlad Draculea de Valaquia, había sido su perfecto profesor..., y ahora ella sabía manejar el Poder sin perder un ápice de su original encanto, pues podía volver a ser la deliciosa y cautivadora niña-mujer repleta de tentadora sensualidad e irresistible erotismo cada vez que le apeteciese, pero ya sin perder el control y llevando ella las riendas... Ya no era la presa fácil, sino una temible cazadora, pero, con extrema sabiduría, el genial estratega, el viejo y astuto Maestro en el Arte de la Guerra, no había extirpado del todo la raíz de su natural compasión y empatía con los débiles e indefensos como ella misma había sido..., pues bien sabía que ésta también constituye una poderosa arma de seducción sobre las masas humanas... Así, ella era ahora el Rostro Cálido y Bondadoso del Imperio que había conseguido levantar, fundiendo en una sola forja el acero vampírico y el bronce mortal..., para sentar después a su Elegida en su Trono.

Sí..., Él la había salvado, la había liberado de los espantosos fantasmas de su horrible infancia, que ni tan siquiera los oropeles de su éxito como actriz y la adoración mitómana de las muchedumbres habían logrado exorcizar, y la había hecho mucho más sólida, capaz de aprovechar su excepcional inteligencia natural despilfarrada por falta de autoestima, satisfecha consigo misma y feliz... Pero, a la postre, no más alegre..., porque su ausencia era un gigantesco vacío que no podían llenar de lejos ni sus hermosos juguetes de vigoroso sexo joven y calientes venas frescas y palpitantes ni tampoco sus relaciones más íntimas y profundas con sus más selectos allegados y allegadas seleccionados entre las élites del poder, el arte y el intelecto.

No por completo, al menos...

Muchas veces le recordaba, se sentía de nuevo sola y abandonada... y lloraba. Lloraba como la niñita desolada que nunca había dejado se ser del todo...

Pero ahora, al menos, sabía como reanimarse y evitar el abismo autodestructivo de la depresión y el desprecio de sí misma... Por ejemplo, podía contemplar a aquellos dos buenos amigos y leales colaboradores..., sus mejores amigos, quizás.., entre todos los más afectos...

Entre ambos, atesoraban inmensas cualidades complementarias, y la adoraban por igual, aunque por diferente motivo cada uno... Le gustaban mucho, y se sentía muy cómoda y relajada con ellos... Si los imaginaba juntos, fundidos en un único ser, casi podrían igualar a su Gran Héroe...

De un firme manotazo mental, desechó las venenosas punzadas de su odiosa enemiga, la Nostalgia, y se decidió a gozar de lo bueno que se le ofrecía en aquel mismo instante..., una actitud y técnica psíquica de pensamiento positivo que había aprendido de su amadísimo Vlad precisamente...

Se levantó, para pasmo de sus apuestos sirvientes "traspasados" por el Neo-Califa, y retozó hacia ellos, saltándose todo protocolo.

Sorteando el caos que poblaba la gruesa alfombra persa, gritó con su inolvidable tono a la vez sensual, ceceante, infantil y ligeramente agudo:

- ¡Hola, cariños...! ¡Cuánto gusto me da veros, y más aun a los dos a la vez...! Lo que ha pasado en Marte es gordo..., y os necesitaba de verdad...!

Llegó hasta ellos, quienes avanzaron también a su encuentro con rapidez, y los tres se confundieron en un fuerte abrazo. Ella intentó abarcar a ambos, para después ser estrechada y acurrucada por los cuatro brazos, y les besó dulce y prolongadamente en los labios, primero a la Antigua, luego al cálido, con mayor intensidad y lamiéndole con su rosada y juguetona lengua entre ellos y dentro de su boca, mientras le apretaba contra sus ondulantes curvas y pujantes senos...

- Especialmente a tí, "prof"... Eres mi consejero científico... y tienes un montón de trabajo, ¿sabes?... Debes explicármelo todo..., y muy bien - susurró, con acento bajo, jadeante, rebosando ecos provocativos e infantiloides al mismo tiempo... - .

Acto seguido, se separó un poco de él, relamiéndose sus almibarados y gruesos labios bien marcados por el carmín y señaló, en tono algo más severo, modulado por los acordes de su nueva personalidad regia e investida de amable pero firme autoridad, la personalidad instilada en su mente a través de la sangre de Drácula:

- Vamos.., venid conmigo... Mis "homeboys" nos servirán unas copitas y tú, querido Pablo, me aclararás la información mientras mi encantadora Hermana de Sangre controla la presentación holodigital..., aunque, por supuesto, ella intervendrá o comentará los datos que le parezcan bien... Por cierto, cariño - inquirió, volviéndose hacia el nanobiólogo al tiempo que agarraba a sus dos amigos íntimos de la mano y les conducía hasta la otomana - ¿has cenado? Si no lo hiciste, pediré que te traigan un buen refrigerio...

- No te preocupes, Marilyn. Cené en el estratoavión, el rancho de la tropa, en compañía del comandante, un chavalote insultantemente joven y guapo de mi especie, compatriota tuyo... De Arkansas, creo que me dijo. "Ensalada del coronel" con pollo frito y un buen chuletón de buey medio crudo, como a mí me gustan, con patatas asadas y salsa ketchup... Para postre, tarta de manzana "de la abuela"... Todo muy al viejo Far West... pero bien regado con una excelente cerveza de trigo alemana y café americano bien calentito y cargado al final... Me resultó delicioso. Las reuniones prolongadas me dan hambre y sed. Tratan muy bien actualmente a los chicos de la Air Force...
Un tipo simpático. Me hizo firmar un ejemplar de mi último libro no-científico, tu biografía extensa. Creo que es un rendido fan de la Gran Matriarca, y se quedó impresionado al saber que éramos muy amigos y por su misión de conducir a la Primera Ministra y a mí ante tu espléndida presencia... A Elizabeth no se acercó mucho... Me parece que le daba un poco de miedo. Cada vez que yo hablaba con ella o la tocaba se le ponían los ojos como platos y me contemplaba con inmenso respeto..., aunque pretendía disimularlo... Fue divertido, y encantador... Además, como siempre, estoy ansioso por impartir una clase a mi alumna favorita, mi alumna más especial, que es también la Señora de mi mente y de mi corazón - silabeó él con solemne admiración halagada - . Sus miradas se cruzaron, y la apasionada devoción oscura y apasionada del cálido fue acogida por el fuego voraz y a la vez tierno que inflamaba las azules pupilas presidenciales con suave y dulce cariño... - .

Ella no dijo nada, pero el destello de sus ojos y el apretón de su mano sobre la del hombre fueron respuesta más que elocuente.

Segundo Fragmento Capítulo IV de "La Señora del Hidrógeno"

La Condesa Sangrienta, Erzsébet Bathory, le sonrió como una loba hambrienta, pero en su mirada también destelló el amor puro e incondicional de una madre orgullosa, una musa admiradora y una amante agradecida y satisfecha...

Contemplaba a un carcamal arrugado, enfermo, agonizante... Su lívido y grisáceo rostro se derrumbaba en una serie de papadas escalonadas sobre la sotabarba, el estómago obeso y abultado sobresalía, tensando los botones del pijama de seda negra a rayas verticales rojas, cuyos primeros botones, desabrochados en un acto reflejo debido al ahogo que sentía su dueño, dejaban ver un tórax ancho y carnoso, poblado de destemplada transpiración y abundantes vellos grises y nevados, entre cuyas frondas brotaban varios sensores y delgados cables multicolores, conectados al electrocardiógrafo. El equipo había sido instalado en los confortables aunque sencillos aposentos del famoso catedrático e investigador ante su rotunda negativa a ingresar en el hospital tras su última crisis cardíaca, después de recibir la noticia de que su malherido corazón ya no soportaría una cuarta intervención quirúrgica. Ahora se los desprendió uno a uno, con un gesto a la vez rabioso y rebelde... No, ya no era el lindo infante ni el hermoso mozalbete que la Dama Oscura había seducido, escogido, protegido, herido, curado, alzado y amado entre los hombres... La apariencia de la Belleza se había extinguido, y su cuerpo olía a enfermedad y vejez, por más que se aplicasen sus cuidadoras en mantenerlo aseado y perfumado, pero la aristócrata exquisita y desalmada que había sacrificado todo, inmolando la paz de su alma y casi 700 vidas inocentes en el Altar de la Belleza, su única Religión venerada, no podía ver en él aquéllo que siempre había odiado, despreciado, detestado y temido más que la peste, sino la dulce fragancia y tierna tersura de antaño... Para ella, ciega de amor como tan sólo lo estuviera en vida con sus hijos carnales y aquel extraño caballero de piel sepulcral y dientes afilados con quien viviera un apasionado y breve romance adulterino, el único varón ante quien se sometió realmente y acató cual sumida amante y Discípula Tenebrosa, siempre sería Su Niño, su Chico, su Predilecto...

- Buenas noches, querido Eddy - susurró con su voz firme y cavernosa, pero matizada mediante acariciadores tonos de terciopelo - ¿Por ventura creías que tu Elizabeth se había olvidado de tí? No..., mi nene, mi amorcito, mi bienamado... Tu vida y tu adoración amorosa me han hecho sentir de nuevo viva, y tu obra me ha proporcionado un infinito placer y una inmensa y renovada energía... Tan grande, que me he zafado de las cadenas de dolor y sangre que me retenían atada al escenario corrompido y maldito de mis crímenes... Ahora, más poderosa y libre que nunca, vuelo por el planeta entero y sus alrededores y mi "Imprimatur", autosuficiente, autónomo y saciado, rebosante de potencia, desafía al tiempo y el espacio, preservándome de la eterna condena... ¿Acaso piensas que puedo ignorar todo eso? Se lo que soy... Pero mi perversa indiferencia y espantoso sadismo tan sólo afecta a aquellos que juzgo inferiores, desdeñables, utilizables como carne de cañón, juguetes sexuales, corderos de sacrificio... A los excelentes, a esos pocos escogidos a los que otorgué y de los que recibí verdadero cariño, sabiduría y favores, o a aquellos que di la vida por mi carne y por mi sangre, siempre los amé y les fui fiel, a mi manera, bien lo sabes...

- Lo... lo sé... No... du...dé... de... tí... - pensó el anciano, sin pronunciar palabra, pues ya no tenía fuerzas ni para musitarlas - Pero..., el do...lor... No... No pue...do... so...por...tarlo... más... Me... me... co...no...ces... bien... Ss...soy... osa...do... en mi... mmm...men...te..., ppp...pe...ro... co...bar...de... pa...ra... el... su...fri...mien...to... fí...si...co...


¡No eres cobarde, - negó la mujer con un ademán irritado, casi feroz - no vuelvas a repetirlo!; Te lo dije la primera vez, cuando nos conocimos, lo único que ocurre es que tu valor y tu hombría superior residen principalmente en tu mente... Y, a ese nivel, eres radiante, fuerte, muy fuerte, magnífico, tanto o más que mi esposo Ferenz, a quien llamaban el "Héroe Negro de Hungría", despiadado y temido por los enemigos otomanos, y uno de los primeros seres que me enseñó el poder del terror y el dolor en las escasas temporadas que volvía junto a mí desde su mundo de espadas y combates, antes de dejarme prematuramente viuda. En realidad, en tu terreno intelectual e ideológico eres casi tan terrible y desalmado como yo... y eso me encanta... Me pone muy caliente - precisó, lanzándole una ojeada volcánica y caníbal, tan intensa que, en circunstancias normales, hubiera provocado más pánico que deseo - ... Pero tú eres un sabio, un brujo, un hechicero de la nueva Era Tecnocrática, no un guerrero. No todos los selectos podemos ser iguales, cada uno goza de un Don diferente y todos ellos son complementarios. Esto es obvio ya desde los escritos de Platón, y mucho antes, cuando los primeros genios como Imhotep erigieron las Pirámides... Pero los Guerreros no somos nada sin los que son como tú... Pues, por más fuerte o valeroso que sea un hombre, o la más indómita amazona, ¿acaso puede extender su dominio sobre un poblado tan siquiera sin aliarse con el Misterio y sus ministros..., o sin utilizar la ciencia que, desde el principio propició la bonanza de las cosechas, la abundancia del ganado, la "medicina sagrada" y la metalurgia que forjó las armas con las cuáles multiplicar el vigor de su brazo y el de sus clanes, tropas o mesnadas?... Eso me lo mostró él, mi Amante Oscuro, mi auténtico y definitivo Maestro Tenebroso..., mi remoto "primo" Vlad Draculea, Señor de las Tinieblas de la No-Muerte... el Gran Guerrero que, transmutado en astuto estratega, profundo bibliófilo y erudito, experto alquimista, insigne ocultista y audaz necromante, venció a la Gran Segadora invocando el Poder de la Oscuridad en el nombre de su excelso amor cruelmente perdido, enmascarando su Gran Victoria Final detrás de su aparente derrota traicionera en el teatro de la Historia..., el único miembro de tu género, el masculino, ante quien yo, Erzsébet Bathory, me entregué con completa sumisión... Él me dijo, entre divertido, complacido y admirado, que yo "poseía ya en vida mortal el resplandor de los "strigoi" (nosferatus) en la mirada..." Me amó, me poseyó, bebió de mi sangre y me dio a probar unas gotas de la suya, pero no completó el Ritual de Muerte y Renacimiento secándome por completo hasta el borde de la agonía y haciéndome entonces degustar una dosis suficiente de su mágico licor, pues afirmó que mi Destino y mi misión eran otros..., y que de este modo contribuiría poderosamente al Advenimiento de la Nueva Era que a Él, el "Hijo del Dragón", le había sido otorgado fundar sobre esta Tierra... ¡Tú eras esa misión...! Porque la victoria del capitalismo liberal occidental en la Guerra Fría y la instauración de un Régimen Global de Equilibrio de Terror bajo la Espada de Damocles de la Destrucción Mutua Asegurada (M.A.D.) y sus incontables consecuencias y ramificaciones sobre la dinámica de poder de las naciones y el inconsciente colectivo de las masas en todo el planeta son dos de las piezas clave de la Gran Mutación que Él y sus aliados en la Sombra, cálidos o vampiros, en las altas esferas de este mundo y en el otro, pretenden provocar... Ahora lo comprendo, Él me eligió a mí... y yo a tí....,y no lo lamento, por más que le maldije incontables veces cuando me consumía, abandonada por todos, en la Torre, emparedada en vida en mis últimos años como castigo por mis nefandos crímenes y blasfemias, pero también cual resultado de las mezquinas maniobras e hipócritas ambiciones avariciosas de las intrigas del poder político entre el monarca húngaro y los boyardos de mi tiempo... Entonces, me dio un último beso y se marchó, más rápido que el ojo humano..., para siempre..., por el momento... Volví a mi feudo, triste y extasiada a la vez y, desde aquel día, una insaciable sed de sangre e inmortalidad me dominó, agudizando hasta el paroxismo mis peculiares tendencias y pulsiones anteriores, naturales en mí desde mis famosos ataques de la niñez... El resto ya lo conoces..., en realidad muchos creen conocerlo, aunque, a diferencia de tí, no entienden nada...

- Y.. él... tu... Prín...ci...pe... de... los... No-Muer...tos..., ¿to...da...vía...?


Como siempre, la curiosidad, el afán indomeñable de saber, más y más, dominaba su ser, sobreponiéndose a cualquier quebranto o dolencia física... Satisfecha, con una sinuosa sonrisita complacida, su Maestra le interrumpió antes de que completase la frase en su cerebro, con la rápida y etérea eficacia de las transmisiones psíquicas:

- Sí. Sus pies aun siguen caminando, infatigables, sobre la superficie de esta Tierra... Pero no camina solo. Ha entronizado una nueva Reina bienamada, su última Consorte Oscura, su Neófita, su Niña de los Abismos, su Discípula neonata, hermosa, ingénua y frágil al principio, casi tan débil como su primer amor frustrado y desgarradoramente interrumpido que le hizo rebelarse contra Dios y su Orden Moral, una víctima como su adorada princesa Elisabetta de los juegos y mentiras de las guerras y ambiciones del poder humano y las potestades terrenales, sacrificada a ellos aunque de otra forma, pero quien, algún día lejano, se transformará en la Albacea y Heredera Universal de su Testamento, el Testamento de Drácula, cuya ideología constituirá la base filosófica y espiritual sobre la que se asentará el Nuevo Orden Mundial de la naciente Era que se prepara, el Eón de Horus/Acuario, que proclamara Sir Aliester Crowley, el gran Mago Negro del siglo XX, quien "jugó al ajedrez con las naciones" e inspiró el movimiento "psicodélico contracultural", nuestro Profeta Iluminado por las Sombras, la Nueva Era que viene a aniquilar la de Osiris/Piscis y todos sus valores patriarcales decadentes, el Viejo Eón que agoniza, consumido, entre otras muchas causas cuidadosamente calculadas y desencadenadas desde hace unos cuatro siglos, bajo las cenizas ardientes del Estado de Terror Atómico que tu genio llevó al máximo grado concebible...

El torrente de imágenes, pensamientos y conceptos fluía, impetuoso, sobre la mente ya tan sólo en parte ligada al organismo físico del moribundo... Se sentía más ligero, joven, lleno de vigor, maravillosamente aliviado y renovado... El Tránsito de su alma había comenzado... Pero, con los últimos chispazos de sus exhaustos y anóxicos circuítos neuronales, pugnaba por una última deducción final... Era el último Teorema... Debía resolverlo, férreo, orgulloso y tozudo como de costumbre, y ello le hacía aferrarse a los viejos esquemas racionales de su cerebro, potente pero desvencijado procesador central viviente al borde de la desconexión final...; Aquella cara... Parecía cambiada... Sin duda, era muy guapa..., sus rasgos dulces, aniñados, adorables, al mismo tiempo provocativos, como sus despampanantes curvas, generosos pechos exuberantes y gruesos labios muy rojos, jugosos, sensuales, pero a la vez infantiles, casi desvalidos... La solución a la ecuación rozaba su fatigadísimo aparato lógico-deductivo, pero se le escapaba, se le escapaba... y aquello le hacía ponerse más y más furioso...

- Te daré unas pistas, cariño... - concedió ella sonriendo con burlona malicia, relamiéndose delicadamente, plantada, magnífica y suntuosa, de pie, ante el lecho del ya casi exánime científico, con los brazos en jarras sobre sus elegantes y majestuosas caderas - tú la conoces en persona... Antes y después de su Conversión, con motivo de fiestas y recepciones de alto nivel... tanto tú como ella habéis sido invitados a múltiples cócteles , veladas y cenas en la Casa Blanca, por varios Presidentes, aunque tú siempre por el mismo motivo y ella por algunos más...variados, especialmente cuando el anfitrión fue J.F.K. - aclaró con un rictus a la par sardónico y perverso en sus sinuosos labios despectivos - . Cuando era cálida... y mucho, puedo asegurarlo, acudía por sus propios méritos. Ahora, bajo la nueva identidad cuya imagen estás viendo con tu ojo interior, lo hace en calidad de esposa del "Conde Vladimir", la máscara tras la que se oculta mi Maestro, cuyo trabajo esencial en el mundo diurno en la actualidad es actuar como una especie de "superagente de operaciones especiales ultrasecretas" de la CIA y el NSA, en las que su Dama participa, por supuesto... Forma parte de su aprendizaje... Tú incluso intestaste ligar con ella una vez, cuando era todavía de sangre caliente y vulnerable, poco después de tu gran éxito en la prueba nuclear de Nuestra Criatura en el Atolón Eniwetok. La futura Sra. de Drácula acababa de disfrutar también del gran éxito de su asimismo fulgurante carrera, que la transmutaría en un Mito resplandeciente y duradero... Te dio calabazas, o al menos tú lo creíste así, pero no de mala fe... De hecho, le gustaste. Pero te mostraste demasiado tímido y atolondrado..., porque se parece un poco a tu novia alemana, la única mujer mortal que pudo haberte desviado de tu Destino si yo no lo impido, por más que me doliera hacerlo de modo tan... violento... Además, por aquel entonces tenías tremendos competidores: El más brillante dramaturgo del momento, quien se convertiría no mucho más tarde en su tercer y último marido, y todo un joven, apuesto y mujeriego senador demócrata a punto de culminar su meteórica carrera hacia el Despacho Oval, quien sería su más notable y peligroso Amante Final, junto a su hermano..., de no ser por la intervención de Vlad Draculea, quien hizo volverse a la criminal conspiración de Estado contra sí misma, aunque en la más absoluta reserva, evidentemente... Y eso por citar tan sólo a los más destacados... Acababa de divorciarse del bateador y...


- ¡Jodida mierda..., cómo no me dí cuenta antes....! ¡Pero si es la Diosa Rubia..., la "Bomba de Niágara", o "Bomba Anatómica", como la llamaron, celebrando su fulgor y el nacimiento de nuestra Criatura como los dos grandes logros americanos del momento... ¡Claro... yo la abordé..., aludiendo a su admiración por Einstein..., a quien yo conocía!... Un truco sucio de viejo bergante..., un poco vulgar, lo confieso... Tienes razón, esa noche no estaba inspirado, no me extraña que me ignorase... - comentó entre risotadas roncas, viriles, como si todavía iniciase la cuarentena, reviviendo el episodio con absoluta precisión... - Es la misma cara, idéntica expresión... Pero los ojos..., el pelo... Me... me... con...fun...die...ron... - barbotó, indignado consigo mismo y cautivado al mismo tiempo - ...

- El tinte de sus cabellos en rojo oscuro es para disimular, mi grandísimo tontuelo... Y en cuanto a lo de los ojos, siguen siendo soñolientos, pero con reflejos dorados, mucho menos tristes y mucho más dominantes...: Obviamente, se trata de algo natural entre los vampiros, tanto si se hallan encarnados o en fase etérea, como yo... En el plano biofísico, una respuesta más a la mutación compleja transmitida por vía sanguínea por cierto retrovirus más que peculiar cuya acción transmuta nuestra fisiología... Algo fascinante para una mente del calibre de la tuya...

- Desde luego... Pero... ¿Y no la reconocen? Es increíble... Yo me estoy muriendo, pero en estado normal... ¿Cómo no me he dado cuenta en estos años atrás...?

- Ni tú, ni ningún otro miembro de la alta sociedad y el "stablishment" más selecto, todopoderoso y manipulador de este nuevo Gran Imperio al que nuestra Sociedad Oculta favorece porque le conviene para sus fines... Es curioso lo que un buen maquillaje y algo de hipnotismo ligero pueden conseguir, ¿no te parece? ¡Ah, por cierto, y trátala con respeto o me enfadaré... No olvides que ahora es nuestra Reina..., y mi Hermana de Sangre...! De hecho, es la Madre, Diosa, Hada, Maestra, Amante y Musa Oscura, o sea, todo lo que yo soy para tí, de tu sucesor, mi Segundo Niño de los Abismos...

- Mi... Pero...

- ¡No te pongas celoso, Eddy, no seas idiota...! - indicó ella con una honda y reverberante carcajada ronca y burlona, pero en el fondo, halagada y llena de instintiva coquetería divertida - Te acabo de decir que la Diosa del nuevo elegido es mi Hermana Oscura, no yo... A mí me admira profundamente, le halaga mi atención y protección, le fascino e inspiro a nivel estético, psíquico y morboso, claro está...; También me quiere, pero tan sólo soy la Hermana Mayor, "su Vicediosa"... La Rubia será para él la Primera siempre... Él es como mi segundo ahijado, mi sobrinito oscuro..., porque tuve que colaborar con mi Hermanita pequeña... Ella era demasiado "joven" e inexperta como neonata y además, en su condición de "encarnada", debía tomar grandes precauciones como para actuar en solitario, y mi Caballero Negro me pidió que la ayudara... Por éso la acompañé desde las Sombras cuando hizo con él algo parecido a lo que yo hice contigo en mi Castillo, hace ya algo más de treinta años..., en un precioso atardecer malva y oro sobre la sierra cercana a un lujoso parador de turismo en el Sur de España... Pero, para mí..., tú siempre serás mi Niño Favorito...


El último zarcillo de neuronas interconectadas se apagó, inerte por la falta severa de oxígeno. Acababa de entrar en coma irreversible. Ahora, él sólo la veía con los ojos de su alma...

- Así es... ¡ Llévame... Hazme uno contigo..., amor mío..., mi único y verdadero amor...! Ardo en deseos de estar junto a tí, conocerlo todo, incluso a ese "nuevo niño" al parecer comparable a mí, trabajar con vosotras... y con el Gran Maestro... Creía que todo acababa, pero no es sino el comienzo de algo mucho más apasionante... ¡Hazme tuyo..., para siempre...!

Por toda respuesta, la espectral aristócrata asintió con una ávida sonrisa feroz, siseó con fuerza y se elevó en vertical, levitando con pasmosa facilidad, mientras extendía los brazos hacia arriba con las palmas juntas y su capucha se abatía hacia atrás, desvelando sus finos, lisos, negros y relucientes cabellos, sueltos, leonados, salvajes y flotantes en toda su magnificencia... Abrió la boca, y sus agudos, grandes y finos colmillos se desplegaron fuera de sus vainas virtuales como nacaradas dagas de plata, muerte y deseo...

Durante casi una docena de segundos, flotó sobre él, la fúnebre capa de su hábito de Enfermera/Monja Sepulcral aleteando entre sus brazos extendidos cual deliciosa cruz de porcelana, como si fuesen las membranas planeadoras de un murciélago gigantesco... Se relamió, gruñó, rugió, enorme, lasciva, letal... Era una bellísima encarnación de la Lamia Primordial, la Lilith ancestral que pobló de terror las pesadillas culpables de los sacerdotes y Patriarcas, temblorosos ante los retorcidos fantasmas nocturnos condensados por sus propios anhelos reprimidos e ignorados con falsa pomposidad al labrar, confortados de nuevo por la luz del Sol al amanecer, sus viejos códigos represivos y misóginos, destinados a exorcizar el pánico genético y profundo a la Diosa Primigenia que se habían atrevido a destronar, desde Hammurabi a Moisés y Homero, pasando por todos los Profetas Testamentarios y los Padres de la Nueva Iglesia romanizada fundada a partir de su más famosa herejía... Era la última personificación de la Esposa del Ángel Rebelde, el Dragón Rojo Alado, enviada junto a su Hijo para recolectar y embriagar a todos los Niños y Niñas inocentes pero heridos en su alma, suceptibles por ello de transmutarse en Oscuros y Oscuras, a lo largo y lo ancho de las Nuevas Babilonias, los Nuevos Egiptos, las Nuevas Atenas y las Nuevas Romas, para así hacer crecer y crecer su poder hasta controlar el Orbe entero y su Esfera de Sombra etérea y circundante... La Soberana de los Súcubos, Guardiana de las Pirámides, Tiamat, Ishtar, Ashtarthé, Kali, la Poderosa, triunfante su danza de sangre y placer en el centro de cientos y cientos de templos y pagodas de Calcuta, la ciudad maldita de la India..., Circe/Hécate, la Gran Hechicera, seductora de Ulises, Lailah, la Reina de los Djins, a quien rezase, adorase y rindiese turbios sacrificios el genial brujo tenebroso y "poeta loco" de Saná-Yemen, el Gran Nigromante herético Abdul Alzrahed, el Aleister Crowley de Oriente Medio... La Condesa Sangrienta, Señora de Csejthe, Tigresa de Cachtice, en toda su apoteosis de poder y gloria diabólica...

Al fin y al cabo, había devorado megatones y megatones de energía gracias al talento de aquel hombre... Rebosante de potencia, bien podía ofrecerle el espectáculo completo...

Con un bramido/aullido en cuyos bestiales acordes se entremezclaban lo sexual y lo depredador, se lanzó sobre su amado vástago espiritual, planeando, sin embargo, con armoniosa pulcritud, hasta aterrizar encima de él con desconcertante suavidad. Abierta de piernas... Justo sobre su falo..., o mejor dicho el equivalente a éste en su reluciente e irisado cuerpo astral, que ya tililaba y oscilaba contorneando la anatomía del organismo físico al que todavía le unía un delgadísimo hilo bioenergético, el famoso "cordón de plata" de los teósofos y ocultistas... Aquel caparazón o envoltura de apretada y pulsante energía bioelectromagnética era el nuevo cuerpo o vehículo de su esencia personal, su ánima, su alma, su espíritu, su "Ka", poco importa como le llamemos... Pero ahora, era joven y fuerte de nuevo, como a sus plenos y lozanos veinticinco años, cuando se reponía de un peligroso accidente de circulación en aquel vetusto y gris hospital del Munich de la República de Weimar... Joven, y lleno de vigor y poder viril...


Elizabeth comenzó a cabalgarle con suavidad, sonriéndole con extraña ternura, pero también con una exigente premura de desbocada hembra caníbal, ansiosa de recibir y dar placer sin freno..., la lengua reptando entre sus destellantes y blanquísimos colmillos espeluznantes... Sus iris eran dos pozos de fuego termonuclear..., relampagueantes, arrasadores..., como el Poder del Sol sobre la Tierra... La dama empezó a jadear de puro goce, y él la acompañó al compás... Su renovado y apuesto rostro luminiscente era la expresión de la delicia suprema... Parecía un místico cristiano cuando al fin se siente acceder a la "contemplación" del Paraíso, un monje tibetano alcanzando el Nirvana, un verdadero mártir mahometano rodeado por las huríes... Y la metáfora no es vana, pues, al final, las Sendas de la Mano Izquierda y la Mano Derecha convergen en su Objetivo Supremo si se recorren con la mente abierta y el corazón sincero, porque tanto lo que llamamos Bien como Mal proceden del Todo, Fruto Universal del Único...

La Señora Oscura aceleró sus exquisitos, ondulantes y neumáticos movimientos, subiendo, bajando, columpiándose, combinando violentas galopadas con bruscos caderazos y rotaciones, apretando su pelvis con experta y refinada sabiduría, hasta convertir la gimnasia erótica en una dulcísima e interminable tortura, llevándole al borde del orgasmo una y otra vez para detenerse unos segundos, apretar sus pechos contra el suyo para besarle profundamente en la boca, serpeando con su larguísima lengua casi reptiliana hasta lo más hondo de su garganta o echarse hacia atrás como una reina sobre su trono de carne etérea y de fuego, para volver a empezar la tórrida danza una vez más... Con sus propias manos semejantes a preciosas garras, se destrozó la delantera del uniforme de enfermera, descubriendo sus voluptuosas, cremosas y bamboleantes tetazas ante él, conduciendo sus manos para que las tocara, acariciara, pellizcara... Sus muslos, hermosos, níveos, esbeltos, se apretaron entre gemidos intensos, casi desgarradores y ahora lo montó de forma salvaje, vertiginosa, casi brutal, con tal violencia que si lo hubiese hecho sobre su joven cuerpo mortal lo hubiera lesionado... Sus ojos se entrecerraron, y luego los párpados se abrieron, revelando tan sólo el blanco inyectado en carmesí..., sin pupilas, encendidos, espantosos pozos de una Nada Roja e inifinitamente ávida..., en pleno paroxismo de un orgasmo colosal, que galvanizó y estremeció cada fibra y partícula energética de su ser...

La madura y hermosa mujer gritó, berreando como una fiera por varios largos y volcánicos minutos, sin dejar de prolongar su delicia meciéndose cada vez más lentamente, poco a poco, sin dejar de gemir, relamerse y babear de puro gusto... y luego se relajó sobre el congestionado y palpitante miembro, permitiéndo que él se saliese por fin...

El chico gritó como si le destripasen y, por última vez en toda la eternidad, el viejo también...

El cordón de plata se rompió del todo con un brusco tirón, y su propia alma se derramó con su semilla "virtual", escapando para siempre de la ruína de los escombros "incendiados" de su cuerpo material... Dentro de aquella cáscara ya inútil e inservible, el decrépito corazón y la en gran parte obstruída vena aorta estallaron literalmente, destrozados por la titánica fuerza de las últimas y avasalladoras emociones transmitidas a través de aquel hilo bioenergético, aquel cordón umbilical de su espíritu que ahora le abandonaba para siempre... El cuerpo se agitó una última vez, y la casi inapreciable expiración postrera del aire fue seguida de una hemorragia de sangre oscura y viscosa que empapó su papada y el cuello del elegante pijama... La cabeza, rotunda y medio calva, se desplomó a un lado...


Pero los ojos, vidriosos y muertos, permanecieron abiertos, las pupilas extraordinariamente dilatadas, como contemplando algo gigantesco y maravilloso que pendiese del techo, y en sus labios, exangües y tintos de su propio fluído vital, podía adivinarse una insólita expresión de absoluta, radiante e íntima felicidad...

La conciencia de Eddy se expandió, para ser comprimida y succionada al instante hacia la vulva inmensa y chorreante, abundantemente poblada de rizados y cortos vellos de azabache, el rezumante y húmedo portal de la Matriz de su Diosa Tenebrosa e inmortal...

El Hijo Oscuro entró en su Madre...

Ahora, ya estaría con ella, en la Oscuridad, dentro de sus entrañas, en la Caverna Primordial e inabarcable..., para siempre...

Aquel singular parto invertido concluyó, y Erzsébet Bathory volvió a gritar y gemir en un éxtasis total, indescriptible..., un éxtasis tan arcano y primitivo como arrebatador, único, innombrable... El éxtasis que fusiona y colma los dos grandes instintos primarios de todo ser vivo, desde las protobacterias y células primigenias más simples y rudimentarias... El éxtasis de la Posesión Integral..., la nutrición y el sexo unidos entre sí en una sola realidad...

La esencia del capitalismo consumista...o del vampirismo, su aliado secreto...

Y de la endosimbiosis, primer resorte acelerado de la Evolución celular en los océanos del Origen...

Lo cuál quizás es lo mismo...

El célebre, prestigioso, polémico, genial y emérito Dr. Edward Teller había muerto...

Pero ahora, era mucho más feliz, sabio y poderoso, como siempre había anhelado...
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