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Sabores de la sangre (8/9)

Aquí estamos: Xero, el último grito de lo que pasa por vida nocturna en esta pila de estiércol que llamáis ciudad. Los locales de moda van y vienen. Las salas de baile se convierten en bares clandestinos y después en clubes y en hamburgueserías, en cafeterías, discotecas y en… esto. Los detalles no importan: siempre hay lugares donde los jóvenes pueden acudir para demostrar lo rebeldes que son, al menos hasta que se les acabe el dinero para esa noche. Quieres saborear el peligro, ya ves, cuando nosotros sólo buscamos el sabor de la sangre. Es natural que nuestros intereses se crucen, pero a ironía de la situación se les escapa. 
No, no hará falta que hagamos cola. El gorila de la puerta es uno de los nuestros, lo que llamamos un ghoul. De vez en cuando bebe la sangre de algún vampiro y consigue unos pocos de sus poderes. Sólo unos pocos, entiéndeme. Los ghoul siguen siendo mortales. Los beneficios de este acuerdo son limitados: los ghouls no consiguen todos nuestros poderes, pero a cambio siguen pudiendo engendrar hijos, sentir el sol en sus hombros y ahogarse por accidente. 
Sí, la creación de ghouls es otra propiedad de la Sangre. Hay muchas cosas de la Sangre que no te he contado; después de todo, no me pagan por darte clases. ¿Todavía quieres saber más? Bien, atiende: bebe la sangre de un vampiros tres veces y quedarás desesperadamente esclavizada por él. Este sentimiento se llama Vínculo de Sangre, y si e vampiro responsable lo refuerza, puede durar para siempre. Ni siquiera puedes morir para librarte de él. 
¿Puedes imaginártelo? ¿Verte obligada a amar a alguien para siempre sabiendo que el amor que sientes (tan grande que matarías o morirías por tu amado) es una mentira? ¿Odiarle y amarle al mismo tiempo, y no ser capaz de hacer absolutamente nada al respecto? 
Sí, ya sé que suena como si hablase por propia experiencia. Es divertido cómo funciona. Mira dónde pisas: la dirección sigue olvidando que no todos los clientes pueden ver en la oscuridad. 

Fuente texto: Fragmento Libro La Mascarada 
Imagen: Autora Esther Sanz

Las mentiras (7/9)

Me alegra mucho que decidieses venir después de todo. Es una suerte que tuviese algo apropiado para ti en el armario de la habitación de invitados. No, no es de una antigua víctima, si es eso lo que te preocupa, pero cuando las mismas situaciones aparecen una y otra vez a lo largo de las décadas aprendes a a estar preparado. ¿No pensarías que eras la primera mujer con la que paseaba desde mi Abrazo? Eres encantadora, querida, pero no dejes que se te suba a la cabeza.

Hace frío, ¿verdad? Veo que miras mi aliento…sí, forma vapor. Es otro uso de la sangre, uno que me resulta bastante útil para ocultarme en presencia de cazadores de vampiros y otra gente desagradable. Te sorprendería saber cuantos de los míos han encontrado su fin con el paso e los años sólo porque olvidaron un pequeño detalle. De hecho, el diablo está en los detalles, y le encanta cebarse tanto en sus sirvientes putativos como en quienes se creen divinamente inspirados.

Por cierto, a este lobo le gusta mezclarse con el rebaño, sí.

Hmm. Cazadores. Una gente muy antipática, llena de fuego y fanatismo en la misión que han asumido. Muchos de ellos ni siquiera se acercan a la posibilidad de destruir a alguno de mi especie; del resto, la amplia mayoría hace más mal que bien a su causa. Acaban con los débiles y estúpidos, dejando a los mejores vampiros, los más listos y fuertes. Muchos cazadores son autónomos y van por libre: chusma caótica que empuña estacas y escopetas mientras tropieza ciegamente por los jardines de la noche. Otros trabajan para agencias de tu gobierno, convencidos de que somos parte de alguna conspiración enemiga para acabar con el Modo de Vida Americano. Cretinos.

Los cazadores peligrosos están vinculados a la Iglesia Católica y a algo llamado la Sociedad de Leopoldo. No te dejes engañar: es la Inquisición bajo un disfraz moderno. Ellos, y otros como ellos, han descubierto de nosotros lo suficiente como para sacar las conclusiones equivocadas. De acuerdo con el cazavampiros típico somo malignos siervos de Satán, enviados a la Tierra para provocar la destrucción y servir a nuestro Amo Infernal.

Todo esto, a pesar de lo que pueda parecer, es pura merde.Ningún hombre, vampiro o demonio es mi amo, no sirvo a nadie más que a mí mismo. Los vampiros simplemente tenemos… apetitos y objetivos distintos a los que el Inquisidor medio considera normales. Bueno, me han dicho que ellos usan cilicios y se flagelan, lo que tampoco es precisamente muy normal.

Hay muchas otras medias verdades e ideas equivocadas, muchas de las cuales sirven a nuestros propósitos. ¿Ves esa iglesia? Te das cuenta de que estoy in media crucis, justo en el lugar donde cae la sombre de la cruz, y no me hace nada. Ni ningún otro crucifijo, estrella de David o símbolo religioso, a menos que quien lo sujete tenga algo de fe por sí mismo. Esa clase de fe es bastante rara estos días, te lo aseguro. Nueve veces de cada diez puedes acercarte a un sacerdote (si te apetece), arrancarle la cruz de las manos y matarle mientras sigue preguntándole a Dios qué ha ido mal.

No digo que yo haya hecho algo así, por supuesto.

En cuanto a las otras paparruchadas de las películas, lo mismo. ¿Ajo? Inútil. ¿Estacas? Sólo si te atraviesa el corazón. ¿Agua corriente? Me baño, gracias. ¿Luz solar? Eso duele, pero hace falta algo más que un rayo de luz para convertirme en ceniza. Con el fuego ocurre lo mismo: te quema, pero hace falta más de un segundo para ello.

¿Estoy usando el “tú” en todos estos ejemplos? Lo siento. Hablaba sin pensar.

En cuanto al lugar al que nos dirigimos… bueno, vamos a un club norcturno. Más exactamente, a un bebedero donde se reúne el ganado, sin darse cuenta de que hay depredadores cerca. También verás a algunos de mi especie, miembros de distintas familias. No te asustes, no tienes nada que temer de ellos mientras permanezcas en mi compañía. No tengo intención de dejar que nadie te haga daño esta noche.

Fragmento extraído de "Vampiro, La Mascarada"
Imagen:Victoria Francés

De vuelta a la sangre (6/9)

Hace mucho que no publico nada sobre La Mascarada. Así que aquí tenéis un texto extraído del prólogo de este libro.

"Pero hay más en la sangre que simple alimento, mucho más. Hay poder, hasta tal punto que algunos vampiros lo llaman vitae “de vida”. Aparte de sobrevivir, la sangre sirve también para otros. ¿La legendaria fuerza y velocidad de los vampiros? Un producto de la adecuada aplicación de la sangre. ¿La invulnerabilidad a las lesiones mortales? Otro trago del mismo pozo. Me han vaciado cargadores enteros en la barriga sin frenarme en absoluto. La sangre alimenta muchos de los talentos “mágicos” que nos atribuyen; ya has visto uno. Y por supuesto, puedo enviar sangre a mi piel para parecer, bueno, casi humano. 

Evidentemente, hay un precio que debes pagar. Cuanta más sangre gasto en esos trucos de salón, más rápido se agotan mis reservas. Cuanto más rápido vacío mi estómago antes tengo que alimentarme (y cazar) de nuevo.

¿Prefieres que acabe con el truco del calor?. Estoy en deuda contigo. Es muy refrescante encontrarse con alguien joven y dispuesto a ver más allá de las apariencias, ¿no crees? ¿Hmmm? Querida, si tuvieses seis veces tu edad, seguirías siendo una niña para mí. “Joven” es un término muy relativo.

Tsk. Tengo hambre. ¿Te importaría acompañarme a dar una vuelta? La otra opción es dejarte aquí como una prisionera, y preferiría no hacerlo. No dudo que intentarías inventar algo y escapar, y yo perdería las antigüedades que rompieses en el proceso. Tú, querida, eres reemplazable, pero mis posesiones no. Así de sencillo."

La Bestia (5/9)

Tras unos días de vacaciones, lejos de internet, aquí estoy de nuevo. Hoy os traigo otro texto que pertenece a "La Mascarada":

El lado animal de un vampiro recibe el nombre de la Bestia (en lo que es, sospechosamente, un intento de satanizarlo mediante la disociación). Por desgracia, darle a esa hambre monstruosa un nombre distinto no basta para calmarla. Al final la Bestia siempre vence, me han dicho. Si alguien sobrevive el tiempo suficiente como vampiro se ve forzado por su misma naturaleza a hacer cosas obscenas. Y acaba acostumbrándose a esas atrocidades y pasando a otras mayores, y lo que fuese humano en el vampiro acaba por morir. Cuando desaparece el último resto de humanidad de un Vástago (y te aseguro que muere después de ver desaparecer a tantos amigos, seres queridos y descendientes) la Bestia se impone para siempre. El vampiro se convierte en un animal. Si llegas a ese punto lo más probable es que ni siquiera te des cuenta cuando te maten como a un perro rabioso.

Si tienes fuerza de voluntad y una decente consciencia del yo puedes aguantar décadas… siglos, incluso. He oído hablar de un vampiro que tiene más de dos mil años. Pero nunca, nunca estarás libre del miedo al triunfo de la Bestia, y ese miedo es lo que la Bestia usará para controlarte.

Por supuesto, la mejor forma de combatir a ese demonio es mantenerse en forma, lo que incluye una alimentación regular. De nuevo, eso quiere decir que tarde o temprano empezarás a matar ganado (mortales, perdona de nuevo) y que cuanto más ganado mates, más fácil te resultará hacerlo. La Bestia también gana de esta forma. Aunque no quieras hacerlo, aunque el proceso comience por accidente, tarde o temprano te acostumbrarás a la visión de un cadáver a tus pies. Tras el décimo, el centésimo, el milésimo o lo que sea, de de ser una persona y se convierte en un objeto, un recipiente. Una nota a pie de página en tu historia. Y tú, en ese momento, dejas de ser remotamente humano.

Mi problema con la bebida (3/9)

En el fragmento que os traigo hoy de Vampiro, La Mascarada, está la frase que tengo al principio de mi blog. Seguro que la identificáis enseguida.

En realidad, lo esencial del asunto es que beber sangre no sólo me permite perpetuar mi existencia, sino que me procura una sensación distinta a cualquier cosa que pueda ofrecer este mundo. ¿Cómo es? Querida, las palabras no pueden describirlo. Imagina beber el más exquisito champán y la sensación del coito más sensual que hayas tenido, súmale el éxtasis del fumador de opio al darle la primera calada a la pipa, y puede que empieces a hacerte una mínima, infinitesimal idea de lo que se siente al beber la sangre del ganado… disculpa, de un ser humano vivo.

Los drogadictos modernos mentirán, robarán y matarán por sus pequeños viajes al Cielo: el mío es mejor, y además me hace inmortal. ¿Puedes imaginar lo que haría para saciar esa hambre? No te molestes en hablar de posibilidades; la verdad es peor de lo que puedas pensar. Y se me considera un caballero entre los de mi especie.

Ahora hazte una idea, si puedes, de algunos de mis parientes, los que no son tan educados como yo.
Son capaces de cometer (y cometen) actos en los que prefiero no pensar.

Y aquí estás, pobre mortal, descubriendo lo frágil que es tu existencia.

¿Empiezas a asustarte? Deberías.

(Fragmento extraído de Vampiro, La Mascarada)

Comienzos (2/9)

Supongo que deberíamos empezar por lo básico. En efecto, soy un vampiro, llevado a tal estado de la existencia en el Año de Nuestro Señor de 1796 por una mujer que me fue presentada como, comillas, “dama de la noche”. El caballero que nos presentó (uno de sus sirvientes, según descubrí más tarde) tenía un extraño sentido del humor.

Pero me estoy desviando. Sí, bebo sangre humana. Sin el sustento que me proporciona, me marchitaría; con ella, viviré para siempre. Exacto, para siempre. A menos que sea destruido (y destruir a uno de los Condenados no es cosa fácil, te lo puedo asegurar) los vampiros somos tan inmortales como dice la leyenda. Sólo el sol, y las emociones que engendra, nos está vedado: los vampiros podemos beber en las noches de eras incontables, podemos seguir incólumes mientras todo lo que conocemos se convierte en polvo a nuestro alrededor y es reemplazado por algo que a su vez se desmorona, y así sucesivamente…

Ah, vuelvo a salirme de la cuestión. Sangre, sí, sangre. Puedo sobrevivir con sangre de animales (casi todos podemos, menos los más viejos), pero esta dieta no es agradable. No, todos queremos beber de las mejores cosechas, pues de lo contrario pasamos todo el tiempo con un embotamiento en las tripas que nunca desaparece. Además, diría que se pone peor cuanto más hambre tienes; es probable que un vampiro que haya pasado demasiado tiempo sin alimentarse demuestre falta de autocontrol.

Hay otros indicios fisiológicos que revelan mi condición. Mi corazón no late; basta con la fuerza de mi voluntad para impulsar la sangre por el cuerpo. Mis órganos internos, por lo que sé, llevan mucho tiempo atrofiados y convertidos en simples vestigios. Pero ningún forense llegará a verlo, pues si fuese destruido me descompondría rápidamente en polvo. Mientras tanto, no me afectan molestias como la respiración, las temperaturas extremas y demás. Mi piel está siempre fría, a menos que desee calentarla. Pero eso cuesta un cierto esfuerzo de voluntad y gastar sangre valiosa. La comida corriente me es repulsiva y no aguantaría más de unos segundos en lo que queda de mi estómago. Incluso con la eternidad extendiéndose ante mí, querida, tengo cosas mejores que hacer con mi tiempo que inclinarme sobre la taza del inodoro para vomitar cenizas y bocados sin digerir.

En términos legos, ya no soy humano. A todos los efectos soy simplemente un cadáver andante que se alimenta de sangre, idéntico a cualquier ocupante de una morgue salvo por el hecho de que me muevo. Reservo las delicadezas como calentar mi piel y parpadear para cuando estoy en compañía, como la tuya.

Dame las gracias, querida. Mantenerme con este fresco aspecto de rosa para ti me está constando más de lo que imaginas.

Ah, volvemos a la investigación de sangre, el acto definitorio, si lo hubiese, de mi existencia. Sí, me temo que es una necesidad, aunque puedes dejar viva a la presa. Todo lo que hace falta es un poco de autocontrol y un pequeño esfuerzo para cerrar la herida… y no, no todos bebemos del cuello. Otro cliché que puedes borrar de tu lista. Pero el problema de dejar viva a tu presa es que, a menos que tengas ciertas… protecciones, recuerda lo ocurrido. Estas violaciones de la Mascarada no están bien vistas por los poderes fácticos entre los vampiros. Con frecuencia, limitarse a matar en lo más sencillo.

Fragmento extraído de: Vampiro: La Mascarada

Qué soy (1/9)

Hace mucho tiempo que no escribo nada sobre la Mascarada, así que aquí tenéis un fragmento sacado del manual de este juego de rol. La imagen también está sacada del mismo manual.

"Antes de que sigamos adelante, permíteme decirte que tienes una oportunidad sin precedentes. Mi especie no habla de sí misma con la tuya… ahora no, y por lo general nunca. Hemos pasado 5 siglos tejiendo un telón que llamamos la Mascarada para ocultaros el verdadero espectáculo, pero a fin de cuentas es bastante sencillo: los vampiros no queremos que los mortales sepáis de nuestra existencia. Es por el mismo motivo por el que el lobo no quiere que las ovejas sepan que están cerca. Facilita mucho nuestro trabajo. Y así, por ejemplo, aunque tenemos los colmillos afilados con los que nos han marcado las noveluchas y las películas, los mortales no lo veis si no los mostramos. Como ahora.

Te has puesto pálida, querida. Deja que yo me ponga pálido por los dos. Debo admitir que estoy decepcionado por tu sorpresa. Tómate un momento para tranquilizarte, si puedes. Para ser sincero, me temo que es la menor de las sorpresas que te esperan esta noche. Por favor no pierdas el tiempo intentando da con una explicación racional y científica, porque no hay ninguna. Soy lo que soy. Lo que muchos, muchos somos… demasiado, para algunos.

Condenación, ¿de verdad eres tan tonta? Vuelve a sentarte. He dicho que te sientes. Ahora mírame. Ssshhh, basta de gritos. Nadie va a venir a rescatarte y nadie va a llamar a la policía… no en este edificio. Los vecinos discretos son un regalo para alguien en mi situación. Es algo realmente victoriano, esa forma que tienen de ignorar todo lo que no ocurre directamente entre ellos.

Bueno, así que al fin tienes tu prueba, ¿Me crees ahora? Sí, lo que hay en la otra ampolla es sangre; por supuesto, si se sirve fría pierde mucho sabor, Puedes probarla si quieres, pero no te lo recomiendo. No estás preparada para disfrutar de estas cosas, al menos ahora.

No empieces a anticipar mis intenciones, querida. Si pensase actuar de acuerdo con tus amados clichés, ya estarías muerta. Después de todo soy un depredador, y tú y tu especie sois mi presa."

El primer trago fatal (4/9)

En muchos casos, uno recibe el primer trago de sangre la noche en que se convierte en vampiro... uno de la "Estirpe", como nos gusta llamarnos. El proceso recibe el nombre de "Abrazo" y tiene dos fases distintas y bastante difíciles. En la primera, el vampiro que quiere crear progenie bebe hasta la última gota de sangre de su futuro "chiquillo". No es diferente de la alimentación normal salvo por el hecho de que no hace falta preocuparse de borrar los recuerdos o disponer el cadáver. Además, acabas realmente lleno. La diferencia llega después. Cuando la última gota de sangra ha abandonado el cuerpo, el vampiro "padre" (el término técnico es “sire”, si te interesa) devuelve parte de la sangre robada. Se muerde el labio, o la muñeca, o lo que sea, y deja que algo de su vitae pase a la boca de la víctima. Suponiendo que el mortal no se resista al proceso (pocos lo hacen, créeme) y que el sire no se haya retrasado demasiado al dar su regalo, la sangre desciende por la garganta del moribundo y hace que resucite como vampiro.

Suena sencillo, ¿no? La verdad, como siempre ocurre, más complicada. Mi propio Abrazo podría parecer el epítome del lujurioso esplendor romántico que tú época ha atribuido a mi especie, e incluso así me estremezco aterrado al recordarlo. Todos los ingredientes del romance estaban presentes (el boudoir iluminado por las velas, las copas a medio beber, el palpitante pecho de mi dama); parecíamos estar en las páginas de una novela. Caímos sobre la cama, y en el culmen de la pasión, hundió los colmillos en mi cuello. Entre el placer del momento y el de su alimentación (si, es bastante placentero para los mortales, hasta el punto de que algunos se vuelven adictos) estuve encantado de dejarme llevar. Recuerdo habr pensado que , después de todo, mi madre había tenido razón: las malas mujeres serían mi muerte. Incluso recuerdo como reí mientras mi sire me bebía la vida.

Y entonces, mientras estaba allí sentado observando aquella puerta oscilante abierta ante mí, mientras mi alma daba sus primeros y vacilantes pasos hacia el cielo, ella se abrió la muñeca tranquilamente y derramó el vitriolo de la vida eterna por mi garganta. Puedes burlarte de mí por no rechazar lo que se me ofrecía, pero la vida es dulce incluso frente al rostro de la Gracia. Su sangre me quemó al pasar por mis labios y mi garganta, y me encontré queriendo vivir. El dolor causado por la sangre era la prueba de que estaba vivo, y cuando fue obvio que no la cruzaría, la puerta resplandeciente se desvaneció con un sentimiento de inefable tristeza, dejándome con mi sire y un ansia asesina. Por mi fortuna, mi maestra fue tan gentil como para atenderme durante el cambio: había seducido a mi mejor amigo antes de hacerse conmigo, dejándole en una habitación contigua como un alcaudón alimentando a su cría. Mientras sentía morir mi cuerpo célula a célula, el yacía sin sentido esperando mi hambre.

Ah, sí, el hambre de la creación. Esa pequeña cantidad de sangre que el sire usa para otorgar el Abrazo no es mucha… unas pocas gotas con más sentido místico que nutricio. No proporcionan alimento suficiente para satisfacer el hambre de un vampiro recién creado, así que el nuevo chiquillo le conviene rezar porque su sire haya preparado unas pocas botellas o, mejor, unos pocos cuerpos para el momento. He contemplado el horror de los Vástagos recién Abrazados entregándose a esa hambre incontrolable y haciendo pedazos a quien estuviese cerca. Cuando la sed te embarga haces lo que sea por saciarla. Matarás a tu amante, a tu hijo, a tu padre o a tu sacerdote para ello, y te sentirás feliz… al menos mientras dure el frenesí.

Este es el punto, querida. Porque no te importa el tiempo que hayas pasad en frenesí ni lo que lo provocó (miedo o hambre o dolor o rabia): no importa cuánto tiempo hayas cedido al animal dentro de ti: no puedes controlar lo que haces y siempre y siempre acaba saliendo. Y es entonces cuando debes enfrentarte a las consecuencias de lo que hiciste cuando el animal estaba al mando. Y el primer frenesí no es nunca el último. Uno podría pensar que con la experiencia se va haciendo más fácil superar esa pérdida de control, pero no se podría estar más equivocado.

(Fragmento sacado de: Vampiro, La Mascarada)
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